Llorar
Hace casi un año que mi principal propósito vital es sobrevivir y llorar. Ya en otras ocasiones he vivido algo parecido, siempre con la esperanza de que aprenderé algo de esta pena y podré continuar mi vida “como antes”, y vivir sin pena, “feliz”… Ese era mi objetivo.
Pero esta pena… sé que me va a acompañar siempre, y esto, sin yo saberlo al principio, me desarma todos los días. Una y otra vez…
El dolor emocional, la tristeza profunda, la resistencia interna a lo que ha sucedido, a la muerte de aspectos de nuestro ser que no pueden “existir“ más, a relaciones que “desaparecen”, a nuestra propia seguridad en quienes somos, todo intenta irse y desvanecerse mientras nos resistimos y nos invade ese dolor intenso y esa tristeza densa y pesada que nos hunde y nos hace incluso desear dejar de existir, porque este estado resulta insoportable, insoportable para nuestro ego…
Mientras se resiste a hundir la cabeza, a humillarse, a aceptar que la vida no va por donde querría que fuera, el ego sufre y se rebela, odia la vida, quiere auto-exterminarse para dejar de sentir ese dolor emocional que colapsa todo su sistema nervioso… y quizá esa sea la función de tanto dolor y tanta tristeza: un ego que entra en pánico, que ve que no sabe ni cómo seguir vivo porque no entiende nada, se siente confundido y se muere… se muere y se rinde ante algo que no sabe ni lo que es… quizá nuestro ser más grande, nuestro ser sabio, nuestra alma, que lleva esperando ese momento de humildad, ese acto de rendición, como una puerta por donde colarse y llegar a tocar nuestra consciencia y empezar a habitar ese nuevo estado de realización de algo, donde la mente llega a medias, pero nuestro cuerpo sabe, donde algo cambia aunque no lo entendamos, donde estar en la vida ya es diferente: lavarse la cara, tomar un té, abrazar a un ser querido, ser humillad@ en el trabajo… De repente, todo lo que vivimos en la vida está del color de la tristeza y eso inexplicablemente nos hace más fuertes y más capaces de vivir, nos regala una visión distinta, una sensibilidad profunda y más presente, un desapego liberador, una puerta a vivir más en contacto con el alma, el ser…
Y es un proceso largo, duro, difícil el de rendir el ego. Hace falta una tristeza y otra. Mientras la vida le regala también algunas alegrías, para que tenga sustento, necesitamos que siga en la vida, pero con otra consciencia, por eso la vida nos ayuda a ir moldeándolo, con todas estas tristezas…
Hay muchas terapias en el mundo espiritual que nos regalan momentos para poder vivir y transitar la tristeza… de todas las que he probado, siempre vuelvo a la práctica de la meditación con mantra y al apoyo del sonido ritual. Ambas me parecen un sostén muy seguro para transitar y liberar ese dolor insoportable, que colapsa nuestro sistema nervioso para ayudarnos a dar el salto de consciencia. Esa sensación angustiosa de saltar al vacío del ego, a perder el control, a dejarlo ir tal como lo percibimos, es un salto que nos asusta, pero que estamos perfectamente programad@s para hacer.
Si necesitas ayuda, soporte, sostén para este camino. Aquí estamos. Llorando y liberando.
Llorar es tan necesario como respirar.
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